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 ¿Cómo podemos compatibilizar la vida familiar con la meditación?

Cada vez más personas se están introduciendo en la meditación, inspirados por una necesidad acuciante de encontrar un sentido a la vida, obtener paz interior o serenidad, manejar y controlar sus emociones incesantes, superar crisis vitales…etc.

En los cursos de mindfulness que imparto surgió hace unos días la cuestión referente a practicar mindfulness en casa; sobre si la familia es conocedora de que un miembro de la familia practica meditación o no, si se favorece y respeta el espacio de ese miembro para meditar, si la familia exhibe curiosidad e incluso participación y deseos de aprender, o bien escepticismo o incluso rechazo.

Este post pretende ilustrar e inspirar cómo incorporar la meditación en nuestro día a día por ejemplo para aquellos que solían meditar pero que actualmente con los hijos carecen de un tiempo  tan vasto como antes. También aquellos que se inician en meditación pueden encontrar útiles algunas claves que se exponen aquí.

Claves para meditar sin estresarse

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En el siglo XXI el estrés cotidiano, la acumulación de tareas y temas pendientes, las prisas, los compromisos, etc, nos generan una atmosfera y un estado mental que nos mantiene acelerados, moviéndose así agitadamente nuestra mente sin parar. También se produce un afán por no perder el tiempo, es como si viviéramos adoctrinados con el mandato de aprovechar al máximo el tiempo. Así pues lo que nos sucede es que nos frustramos y culpabilizamos si sentimos que perdemos el tiempo, autocastigándonos.

1. Parar

Así pues, el primer ingrediente de la receta de la vida es parar, detenerse, darse cuenta de que respiras, sentir lo que suceda en ese momento en tu interior, saber qué estás pensando y sintiendo exactamente en este preciso instante. Esta forma de parar no es perder el tiempo sino que ofrece información, permite conocer tu realidad directamente, y no verte arrastrado por tus pensamientos y emociones continuos. Además te permite tomar decisiones más acertadas y emprender acciones más resolutivas.

Este ejercicio de parar lo podemos llevar a cabo aun estando muy involucrados con el trajín diario, vistiendo y cuidando a los niños y la familia, cumpliendo con las obligaciones y horarios, etc.

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2. Recordar la motivación

Para conseguir mantener la práctica de la meditación pese a las muchas obligaciones, compromisos y distracciones es esencial RECORDAR LA MOTIVACIÓN. ¿Por qué practicamos meditación? El mismo hecho de practicar la meditación es la mejor forma de recordar lo beneficioso e importante que es; porque conectar con uno mismo es la fuente de toda alegría y te aporta el sentido a la vida que siempre buscaste.

También existen otras iniciativas que te ayudan a mantener la MOTIVACIÓN para meditar (todos sabemos que si descuidas la meditación, la distracción y los asuntos más superficiales se apoderan de la mente, pierdes la serenidad y olvidas lo valioso que es meditar).

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3. Mantener un entorno favorable

Por ejemplo, podemos mantenernos conectados con otras personas que practican, incorporar cotidianamente lecturas de personas que meditan cualquier tipo de meditación o llevan a cabo proyectos altruistas, también puedes asistir a clases de yoga o sesiones de mindfulness…Para ello puedes ir a centros especializados o incluso unirte a grupos que meditan a través de internet, vía Skype.

4. Naturalizarlo en casa

Sí, pero ¿y los hijos? ¿pueden ellos meditar también o la meditación es sólo para adultos? En California hay un programa llamado Mindful Schools. 2 veces por semana, los estudiantes y los profesores practican la conciencia plena o mindfulness. Es algo muy beneficioso. Hay centenares de estudios que avalan el efecto totalmente positivo de la meditación en los niños. Así pues, una opción es llevar a tus hijos a aprender meditación o incluso enseñarle en casa algunas técnicas que tú conozcas o practiques.

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También puedes explicarle a tus hijos qué es la meditación que tú practicas, de dónde proviene, cuál es su finalidad, en qué te beneficia, etc. Le ofreces la información poco a poco permitiendo que le surja una curiosidad y dudas naturales.

En última instancia, no te escondas o avergüences de tu práctica, para ello ten claro el valor que tiene y desea de todo corazón que el resto de miembros de la familia puedan también encontrar la forma de conectar con ellos mismos (cada uno con el tipo de meditación o práctica interior que mejor le vaya).

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