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La hiperpaternidad es el patrón educativo de crianza que consiste en sobreproteger en exceso a los hijos. Este modelo acarrea algunas repercusiones negativas en los hijos tales como pérdida de autonomía y baja tolerancia a la frustración. Según los estudios, la hiperpaternidad se ha extendido en los últimos años en nuestra sociedad, ¿cuál es su causa? ¿qué debe hacerse?

La hiperpaternidad es un modelo de crianza exportado de Estados Unidos y consiste en convertir a los hijos en el centro absoluto de la vida de la familia. Cargar con su mochila de la escuela a diario cuando ya tiene edad/fuerza/autonomía para cargarla él/ella mismo/a, sostenerle el bocadillo para que vaya dando bocados, etc, podrían ser indicios de participar de este modelo de crianza.

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Hace tan sólo unas décadas atrás, los niños podían salir a jugar a la calle con amigos, ir solos a la escuela a partir de una cierta edad, y no dedicaban una gran parte del tiempo fuera de la escuela en formarse para progresar ambicionando un futuro prometedor. Un tiempo después, pasamos a que los niños/as obtuvieran todo lo que deseaban. Al sentirse culpables los padres por el poco tiempo y dedicación que podían destinarles, les compensaban con regalos y premios de todas clases.

Ahora con la hiperpaternidad, los padres colocan a sus hijos en un altar para que no les suceda nada malo y les puedan proteger de todo, todo. El resultado de estas medidas excesivas que se están tomando es que los niños maduran con más lentitud, adoptan menos autonomía y tienen menor tolerancia a la frustración, además de más miedos y preocupaciones.

La periodista barcelonesa Eva Millet que ha publicado un libro llamado Hiperpaternidad. Del modelo mueble al modelo altar sostiene que se ha alcanzado este punto en el modelo educativo porque vivimos en una sociedad que pide que todo sea perfecto: la casa, el cuerpo, el coche y también el hijo/a ahora.

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El perfil de un hiper madre-padre es el de una persona de clase media o alta, con escaso número de hijos, muchos recursos e información para invertir en la educación de sus hijos.

El fenómeno de la hiperpaternidad se inicia en los años 90 en Estados Unidos, como decíamos, y se comenzaban a percatar por ejemplo en las universidades, cuyos responsables observaban que los padres de los jóvenes velaban en exceso por los intereses de sus hijos, incluso llegando a discutir con profesores alguna nota que creían incorrecta.

Otros padres acudían también a las entrevistas de admisión de las universidades a las que los jóvenes iban a someterse. Este tipo de conductas se observa también en las universidades catalanas, constatándose, en palabras de un investigador en este tema, que los niños están “cada vez más infantilizados y más supervisados por sus padres”.

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La hiperpaternidad puede surgir ya a muy temprana edad de los niños, y no sólo en el ámbito familiar sino también educativo. Por ejemplo, pueden esforzarse muchísimo en conseguir la escuela “perfecte” para sus hijos, pues otro de los rasgos de este estilo de crianza es la obsesión por la estimulación precoz: los niños han de sobresalir en cuantas más competencias mejor: deporte, idiomas, etc etc.

Los expertos en el tema de la educación y la crianza recomiendan para subsanar los estragos que ocasiona los excesos de este modelo sobreprotector es que los padres se relajen, que dejen de tenerlo todo tan tan planificado y que encuentren tiempo para estar únicamente con la familia, centrados en ello y no en mil cosas a la vez. Se puede comenzar a practicar un estilo de crianza más equilibrado, que fomenta la autonomía del niño sin limitar el afecto y amor, con pequeños gestos como por ejemplo permitir que carguen la mochila de la escuela a la salida del colegio. Si la mochila pesa demasiado se pueden vaciar un par de libros, pero genera un impacto psicológico positivo en los niños que se responsabilicen de sus propias cosas.

 

Para contrarrestar la hiperpaternidad, los expertos también proponen dejar de anticipar posibles contratiempos y no perder los nervios ante cualquier malestar del niño. A menudo por anticipar tanto terminamos viendo problemas donde no los hay. No alarmarse ante cualquier signo de un estado de ánimo bajo de los hijos, o cambios en sus conductas (sólo si estos cambios se intensifican y cronifican es cuando se vuelve necesario intervenir). Debemos confiar más en los hijos y transmitirles el mensaje de que ellos pueden hacerlo. Aunque los hijos se tengan que proteger también debemos darles herramientas para que forjen su propio aprendizaje.

Según los expertos, los hiperpadres también preguntan demasiado a sus hijos, les consultan temas que éstos no tienen que decidir: ¿quieres ir a dormir? ¿quieres bañarte? ¿qué quieres comer?. Es importante tener en cuenta la opinión de los hijos, pero no preguntarles todo como norma.

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