Elogio del autocontrol (para ser feliz)

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Cuando nos sentimos tristes y nos sobrevienen motivos aparentemente muy razonables sobre nuestra falta de esto u aquello, carencias de carácter o de la vida…

Cuando estamos enfadados y no podemos apartar de nuestra mente la imagen de esa persona con quien sentimos ira, rabia, irritación u ofensa….

Cuando nos echamos piedras sobre nuestro tejada y apedreamos nuestro valor como personas, nuestros esfuerzos, nuestras cualidades…

Cuando nos rendimos ante la consecución de nuestros sueños y no nos mantenemos firmes ante la tempestad….

Cuando buscamos demasiados motivos para ser infelices y no nos centramos en lo que tenemos de bondad, en los dones que tenemos y en las personas amables que nos ayudan o los logros y situaciones positivas que vivimos a diario…

Cuando sabemos todo aquello que nos hace daño y aún así insistimos en ello, reincidimos generándonos para nosotros mismo la imagen de estar indefensos ante ello…. Es como si un dios actuara como un animal muy primitivo….

Esta forma de actuar cotidiana la tenemos tan incorporada en nuestra psicología que ni siquiera reparamos en ella. No nos damos cuenta de cuánto daño nos hace ni de cuánto podemos llegar a conseguir si nos centramos en abandonarla.

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Todas estas situaciones se podrían ubicar bajo el paraguas de una sola facultad de la psicología humana: el autocontrol. El autocontrol, ya lo manifiesta la misma palabra, es el control de uno mismo.

El autocontrol lo ejercemos cuando decidimos hacer deporte en lugar de quedarnos viendo la televisión, cuando optamos por comer verdura en lugar de unas apetitosas patatas fritas con Ketchup…etc. Pero más allá de estas metas cotidianas (ejercicio físico, dieta…), el autocontrol se manifiesta -y esto creo que es importante- en nuestro mundo emocional y cognitivo:

  • Si decidimos poner freno a una ristra de pensamientos negativos y vejatorios hacia nosotros mismos, estamos ejerciendo el autocontrol
  • Cuando decidimos resolver un problema que se ha generado con otras personas (mediante una charla con la persona implicada o una reflexión privada nuestra enfocada en los hechos, no en los juicios) estamos manifestando autocontrol
  • Cuando decidimos no sucumbir a la tristeza, y elegimos focalizarnos en la belleza de los instantes que se suceden en el momento presente y en todas las cosas maravillosas que la vida nos ha traído ese día, estamos practicamos el agradecimiento y el autocontrol (y una actitud positiva y realista hacia la vida, ya que tenemos en cuenta no sólo los sucesos negativos del día sino también reconocemos los positivos)

¿Y entonces qué puedo hacer para ser feliz?

¿Te has dado cuenta de con qué facilidad caemos en la falta de autocontrol dejándonos arrastrar por tendencias destructivas hacia nuestra persona, los demás y el mundo?

La buena noticia es que en cualquier momento podemos replantearnos ejercer un control dirigido, firme y democrático de nuestros pensamientos, emociones y acciones, poniendo rumbo hacia la tierra de la vida plena, la creatividad y la inteligencia.

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El primer paso para aprender a llevar el timón del barco de tu persona es darte cuenta de “lo que no te permitía tomar el control de tu barco”, cuáles son las tendencias que te arrastran más a menudo hacia las situaciones y sentimientos descritos. Conócelos para reconocerlos cuando aparezcan. Entonces sabrás que es el momento de aplicar AUTOCONTROL.

De todos modos, si deseas iniciar un trabajo integral y más dirigido y guiado sobre cómo aprender a manejar tus emociones y pensamientos con autocontrol, siempre puedes solicitar ayuda terapéutica.

La psicoterapia individual puede ayudar siendo válida y eficaz

No dudes en contactar conmigo para cualquier duda o reserva de cita con el formulario de contacto.

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