Qué es la ansiedad generalizada

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Cada vez que tengo ocasión, subrayo que la ansiedad es una emoción natural, que no debemos ni podemos deshacernos de ella. Es una reacción del organismo ante estímulos amenazantes para garantizar nuestra supervivencia. El problema lo constituye el juicio, la evaluación de eventos inofensivos como amenazantes o cuando un evento negativo se mantiene más tiempo del necesario (continuamos repasando o recordando el evento o generamos una serie de actitudes y acciones para no toparnos más con ello).

Uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes y que a muchas personas que lo padecen puede pasarles desapercibido, atribuyendo sus manifestaciones a reacciones normales de estrés o preocupaciones normales, es el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). Las personas que lo sufren se preocupan por cosas que no es probable que sucedan o que si ocurren son mucho más manejables y menos dramáticas de lo que ellos creen.

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Las personas con Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) tienen preocupaciones relativamente constantes y únicamente suelen ser capaces de dejar de lado un tema de preocupación dando cabida a un nuevo tema de preocupación.

Deffenbacher explica con claridad cómo funciona este problema:

El individuo tiende a darle vueltas en su cabeza a estas cuestiones, siendo incapaz de alcanzar una solución, de tomar decisiones, de llevar a cabo una actuación decisiva y de vivir con relativa tranquilidad. Por el contrario, suelen darle vueltas y más vueltas y preocuparse co, las posibilidades negativas, los errores y equivocaciones potenciales, y los fracasos y dificultades reales e imaginarios. Es como si estuvieran petrificados en las primeras etapas de una solución de problemas.

Ambiente – Herencia genética

Para la aparición del TAG influye tanto una vulnerabilidad biológica como una vulnerabilidad psicológica.

En cuanto a la primera, se trata de una hipersensibilidad neurobiológica al estrés genéticamente determinada y también incluiría rasgos de temperamento que tienen un importante componente genético (por ejemplo, el hecho de ser neurótico, introvertido, tener tendencia a experimentar un amplio abanico de sentimientos negativos y la inhibición conductual ante lo desconocido).

A pesar de esto, los estudios demuestran que la carga genética para el TAG no parece ser muy elevada (se sugiere que el peso de la herencia genética ronda entre el 22-37%, el resto del porcentaje pertenece a los factores ambientales: aprendizaje, estilo de vida, etc).

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En las personas con TAG, la vulnerabilidad biológica actúa junto a la vulnerabilidad psicológica (percepción de los sucesos negativos o amenazantes como impredecibles y/o incontrolables: creencia forjada en experiencias tempranas de la infancia), de manera que ante la ocurrencia de sucesos estresantes o de dificultad, la persona respondería con preocupación y ansiedad. Esta respuesta estará influida por factores como las habilidades de afrontamiento y el apoyo social.

  1. Persona con TAG tiene:

-poca confianza en su capacidad de resolver problemas

-expectativas y creencias no realistas sobre las dificultades o problemas

2. Surge dificultad, real o imaginada

3. Persona con TAG piensa “Oh no, madre mía, una dificultad”, “es terrible”

4. Surge miedo (ansiedad)

5. Respuesta de inhibición conductual: paralización, evitación….

La vulnerabilidad psicológica puede formarse a partir de la experiencia de sucesos traumáticos o muy estresantes y de ciertos estilos educativos (falta de afecto, sobreprotección….) que favorecen un estilo apego inseguro en la infancia y el aprendizaje deficiente de habilidades sociales.

  • Cuando se ha comparado a personas sin TAG y personas con TAG éstas últimas han informado de una mayor frecuencia de sucesos traumáticos en el pasado (enfermedad/daño físico o psicológico, fallecimientos, agresiones físicas, acontecimientos emocionales con familiares y amigos).

Otros factores que influyen para desarrollar TAG:

Otros factores que influyen para desarrollar TAG son: padres con trastornos ansiosos o depresivos, pérdida de un progenitor antes de los 16 años, padres alcohólicos, maltrato, aborto por embarazo no deseado y haber tenido que cuidarse anticipadamente de los padres y de sí mismos en la infancia.

Cerebro ansioso

En una investigación se observó algo que apoyaría el efecto de influencia de la vulnerabilidad biológica: en una resonancia magnética funcional realizada a pacientes con TAG se observó una mayor respuesta de la amígdala en el funcionamiento habitual de su cerebro.

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La amígdala es la estructura del sistema límbico que media las reacciones afectivas con afectividad negativa, concretamente el miedo.

Es decir, las personas con TAG, en comparación con las que no lo sufren, han mostrado una mayor activación de la amígdala al anticipar imágenes negativas o condiciones de conflicto. ¡Hasta presentan un mayor volumen de la amígdala!

Síntomas Trastorno Ansiedad Generalizada

Las personas con TAG presentan a menudo rasgos de personalidad como perfeccionismo, dependencia y falta de asertividad, las cuales pueden haber sido propiciadas si han sido educado por padres sobreprotectores, muy exigentes y/o ansiosos.

Estos rasgos de personalidad pueden desembocar en una falta de habilidades para manejar diversas situaciones problemáticas (especialmente de relaciones sociales) o dificultades para aplicar dichas habilidades.

Algunos autores señalan que generalmente a las personas con TAG no les falta el conocimiento sobre cómo resolver problemas, sino que su error es la orientación hacia el problema:

  • no saber identificar los problemas, hacer atribuciones inadecuadas sobre los mismos (por ejemplo, tendencia a culparse a sí mismo), valorar los problemas como amenazas y sentirse frustrado/a y perturbado/a al encontrarse con problemas, no creer en la propia capacidad para solucionarlos y mantener expectativas pesimistas sobre los resultados.

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En base a lo que he ido exponiendo, el funcionamiento habitual de las personas con TAG es estar hipervigilantes para descubrir posibles amenazas, ya sean de tipo externo (discusión con un amigo, pareja que llega tarde) o interno (sensaciones físicas). Este sesgo atencional les predispone de forma automática incluso hacia la información negativa en general.

Las personas con TAG además tienden a interpretar la información ambigua como amenazante (un ruido en la noche significa un ladrón, oír que ha habido un accidente de coche y pensar que puede ser un familiar) y a exagerar la posible amenaza de determinadas situaciones. Así es como las personas con TAG perciben peligros habitualmente, ya que su atención se centra fácilmente en ellos.

Incertidumbre…¡tú no!

Por otro lado, hay dos aspectos importantísimos en el desarrollo del TAG y son la intolerancia a la incertidumbre y la activación emocional.

La intolerancia a la incertidumbre es disfuncional. Suele ser fruto de la historia previa, y se define como la tendencia de una persona a considerar inaceptable que un evento negativo pueda ocurrir, aunque la probabilidad de que ocurra sea pequeña. Por tanto la incertidumbre, lo inesperado, debe evitarse, ya que provoca frustración, estrés y paraliza.

Emociones…¿Por qué y para qué?

Por otra parte, las personas con TAG tienen más dificultades para identificar, comprender y aceptar sus emociones y tienen más miedo a las emociones negativas (incluso también a las positivas según algunos estudios). Según cada persona particular, las emociones pueden ser vistas como: peligrosas, difíciles de manejar, incontrolables, inaceptables para uno/a mismo/a o los demás, vergonzosas, infantiles o que reflejan debilidad.

  • Por tanto, recibir educación emocional, realizar un proceso de aprendizaje de las emociones, entrenarse en estrategias de regulación emocional que incrementen la sensación de control sobre las propias emociones sería sumamente beneficioso y terapéutico para estas personas.

Creencias perjudiciales en el Trastorno de ansiedad

Las persona con TAG suelen valorar la utilidad de sus preocupaciones y muestran siete tipos de creencias., aunque tienen porqué presentarlas todas:

– Preocuparse me ayuda a descubrir formas de evitar lo que me da miedo. Sin embargo, más que descubrir estas formas, lo que se teme no sucede debido a que es muy improbable

Preocuparse es una forma eficaz de resolver problemas. Sin embargo, la preocupación más que una forma eficaz para encarar soluciones eficaces, bloquea el proceso de solución de problemas

Preocuparse motiva para llevar a cabo lo que haya que hacer. Sin embargo, existen métodos motivacionales más adecuados.

Preocuparse previene para lo peor, protege de las emociones negativas. Esto es, preocuparse por un evento negativo ayuda a prepararse para cuando sucede; de este forma, se mitiga la reacción emocional ante el suceso negativo, si es que ocurre. Sin embargo, el precio a pagar son largos períodos de malestar y otras consecuencias negativas. (Ejemplo: anticipo que una persona que me gusta me rechazará si le pido salir. Esto me protege de ser rechazado/a y de experimentar la emoción negativa del rechazo. Pero es que ¡yo no sé si me rechazará o no!)

Preocuparse puede por sí mismo evitar que sucedan consecuencias negativas o haciendo menos probable que sucedan. Éste es un pensamiento mágico que es reforzado (se mantiene) por una coincidencia supersticiosa entre preocuparse y la no ocurrencia de resultados negativos

Preocuparse ayuda a no pensar en emociones más perturbadoras que quizás estés teniendo. Por ejemplo, traumas pasados, experiencias negativas de la infancia (por ejemplo, rechazo por parte de los padres) o problemas en las relaciones sociales actuales. Esta creencia se mantiene por la evitación de temas emocionales más profundos

Preocuparse es una característica positiva de personalidad. Creer que preocuparse indica que la persona es responsable, bondadosa y de buenas intenciones. Esto se vería reforzado si otras personas comentan que esta persona posee estas cualidades

¿Y la ansiedad patológica se puede curar?

Afortunadamente, una persona con ansiedad generalizada puede dar la vuelta a su problema y corregir su tendencia patológica hacia la preocupación. El primer paso es darse cuenta de que se tiene un problema y comprender los mecanismos de su mantenimiento. Por eso, la lectura de este artículo puede contribuir a ello.

A continuación iniciar una serie de pasos para resolver el problema. Básicamente iniciar un proceso terapéutico (especialmente con un psicólogo/a o psicoterapeuta) que pueda establecer bien una línea base, los condicionantes  y factores de influencia del trastorno y una intervención que permita adquirir nuevos hábitos mentales saludables, manejo consciente y maduro de las emociones y satisfacción con uno/a mismo/a.

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