Obsesión por la belleza

Los atributos estéticos femeninos han ido cambiando a lo largo de los siglos siendo evaluados con diferentes cánones y perspectivas, pero el aumento de la importancia de la belleza otorgado en las últimas décadas  a través de los mass media: revistas femeninas, TV, cine, internet…ha acarrreado numerosos trastornos y problemas psicopatológicos en la población relacionados con la imagen corporal. Los medios han difundido un concepto de estética femenina sin precedentes y complicado. Se han creado modelos de belleza inalcanzables, y la mujer se ha sometido a la tiranía de su belleza en búsqueda de la perfección corporal.
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Cuando Ruth y Elliot Handler diseñaron a Barbie en los años 60 tal vez no imaginaron el impacto social y cultural que esta figura tendría entre la población femenina occidental y su repercusión en la estructuración psicológica de la imagen corporal. En unas investigaciones sobre este tema se estudiaron las proporciones de talla, peso y contornos físicos de Barbie y Ken, y se concluyó que estos modelos son poco realistas y pueden alterar la sensibilidad estética de los niños.

Hoy se conocer que no tener atractivo físico y distorsionar tu propia imagen corporal (alterándola e infravalorándola, por ejemplo) constituyen factores de riesgo en psicopatología.

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La popularización masiva de la belleza comenzó a principios del siglo XX con la aparición de infinidad de revistas femeninas, los medios audiovisuales e internet. Des de entonces, la mujer se ha sometido a una transformación sin tregua de su propio cuerpo, al despotismo de la delgadez y a un consumismo vinculado a unas normas estéticas cambiantes y críticas.
En 1992, Kevin J. Thompson, propuso incluir una clasificación nueva a partir del concepto de imagen corporal: Trastorno de la imagen corporal, definido como la insatisfacción relacionada con algún aspecto de la apariencia física, no tan grave como el Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), pero igualmente incapacitante para la persona en su vida social y ocupacional cotidiana.
Enrico Morselli bautizó en un primer momento el TDC como Dismorfofobia (miedo a la fealdad), pero un poco después, Pierre Janet, habló de obsesión con vergüenza corporal.
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Hoy en día se denomina Trastorno Dismórfico Corporal o TDC a la preocupación continua y fuera de lo normal por algún defecto físico, ya sea real o imaginado. Es un cuadro que presenta alta comorbilidad con otras alteraciones, como fobia social, depresión mayor, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de alimentación, entre otras.
 
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Según diversos autores, el Trastorno Dismórfico Corporal es una exageración de las preocupaciones normales y comunes, es decir, la preocupación por el aspecto físico entra dentro del rango de la normalidad, pero cuando esta preocupación es exacerbada y limita y condiciona nuestra vida entonces se habla de trastorno. Por eso se comprende como un continuo más que como una separación dicotómica, y en el caso del TDC el factor de mayor riesgo y además determinante para clasificarse en él sería la concepción aprendida, exaltada e hipervalorada de la belleza.
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Desde un punto de vista cognitivo,  el aprendizaje social distorsionado de la belleza, genera una discrepancia entre la imagen corporal ideal y la imagen corporal real, este salto se manifiesta en un autoesquema de defectuosidad/vergüenza, según Jung, o en esquemas de contenido negativo, según Beck.

Cómo quitarse el muerto de encima

El camino hacia la sanación de este conflicto pasa por la auto-reflexión y la actuación, pasar a la acción. Me explico: por un lado, necesitamos cuestionar todas esas creencias y actitudes que la sociedad, los medios de comunicación, nuestro entorno y nosotros mism@s hemos creado y aceptado como buenos. En primer lugar, podemos cuestionar esto:

¿Esto es realmente así?

¿es así en un 100%?

¿qué pruebas tengo de que este pensamiento sea cierto?

¿y de que no lo sea?

¿me resulta útil, me hace bien este pensamiento?

Esta clase de preguntas alientan el pensamiento racional y la reflexión (no la rumiación) acercándonos a una visión más realista y, por ende, más positiva, sobre el tema de nuestra preocupación (defecto físico, comparación…). El ejercicio consiste en reflexionar sobre esto para conducirte finalmente a una conclusión más ecuánime y realista.

A continuación, debemos pasar a la acción. Enfrentar nuestro miedo, ¡¡¡nuestro fantasma!!! Si nuestro fantasma es….»no soy lo suficientemente guap@» me expongo a él aunque esté muerta de miedo. 100% garantizada que el fantasma terminará teniendo miedo de ti. Simplemente se disolverá una vez que lo enfrentes.

¿Cómo llevar a la acción este miedo?

Si por miedo no te presentas a un chico/a, hazlo….

Si bajas la mirada cuando pasas cerca de alguien atractivo/a, mantenla….

Dejar de mirarte tanto en los espejos…(esto puede provocar que te juzgues con dureza distorsionando tu imagen y así se perpetúe el problema)

Llevando a cabo lo que te asusta y dejando de hacer aquello que te obsesiona sería un perfecto viaje hacia la sanación de este problema psicológico.

Por supuesto, siempre que lo requieras, puedes contar con la ayuda de un psicólogo/a que te acompañe y guíe en este trayecto.

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