Sabiduría emocional: aprender de la ansiedad

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Tenemos que aceptar que recibiremos de tanto en cuanto la visita de estado de ánimo de inquietud y ansiedad, que pueden entrar en nuestras vidas. Esto constituye algo natural. Pero por eso debemos aprender a hacer una buena lectura de ellos para no retenerlos más tiempo del necesario:

No identificarse con las preocupaciones

Es de gran importancia reconocer de inmediato cuándo empieza la preocupación, el momento de arranque, igual que los bomberos localizando el inicio de un incendio. Es más facil exterminar las llamas si se afronta des del principio.

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Hablar de las propias inquietudes

Por ejemplo, preguntándose: “¿con qué categoría de problema estoy atormentándome?”. Es interesante acostumbrarse a calibrar las propias preocupaciones, otorgándoles una calificación entre 0  y 100. La peor, 100, para la mayoría de nosotros es perder a un hijo, etc. Así pues, podemos darnos cuenta de que muchas de nuestras preocupaciones se situán entre 0 y 20.

  • También se puede escribir un “diario de anticipaciones/preocupaciones que no se cumplen”: en éste apuntaremos todas las veces que nos hemos dicho: “voy a perder el avión”, etc y todo ha salido finalmente bien. Apuntarlo de verdad, en un cuaderno.

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  • Desprenderse de algunas creencias que no son racionales:

Creencia 1: es posible controlarlo todo, pasándolo un poco mal

Realidad: no, no es posible controlarlo todo

Creencia 2: haciendo las cosas bien, se debería poder evitar los problemas

Realidad: no, los problemas forman parte de la vida

Creencia 3: la incertidumbre no puede sino desembocar en peligro

Realidad: no, muchas cosas inciertas se resuelven por sí mismas

Luchar contra la necesidad de controlarlo todo

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El deseo de controlarlo todo tiene como consecuencia una sensación agotadora de no poder finalizar nunca lo que hay que hacer.

Como me dijo un cliente una vez: “un día entendí que no iba a poder salir de ahí. Que no iba a poder continuar más haciendo frente a todo. Entonces tomé la unica decisión posible: dejar de intentar –precisamente- poder con todo. Decidí que debía aprender a vivir en medio de cosas sin hacer, y a aceptar que no las haría nunca. Al principio es difícil: estar sentado en el sofá escuchando musica y ver todos los pequeños arreglos que necesita el cuarto, o pensar por asociación en todas las tareas pendientes de la casa, o decirme en ese momento que no había ayudado suficiente a mis hijos a comprender mejor los deberes de mates. Todo eso me generaba deseos de levantarme, de decirme que no tenía derecho a seguir sentado mientras no acabse todo eso. Pero me obligué a ello… me dije que tenía derecho a descansar un poco. Así que permanecí a la fuerza sentado en el sofá escuchando música. Me fui relajando poc a poco. Y seguí tratando de la misma forma una infinidad de pequeños detalles».

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«Soltando prenda de vez en cuando no me he convertido en un vago ni un dejado. Cuando nos sentimos ansiosos, vivir se convierte en una preocupación y descansar o no hacer nada es un pecado».

Aceptar que el mundo se nos escapa

No se trata de pasar de un extremo al otro, se trata de encontrar un equilibrio entre la exageración y la minucia. Comprender que no somos omnipotentes. Que el desorden y la incertidumbre están implícitos, (¡vienen incluidos!) en el mundo vivo y dinámico del que formamos parte.

También hemos de aceptar que hay muchas cosas que no llegaremos  a hacer (averías que no repararemos, países que nunca visitaremos…) ¿triste? Sí, pero esa tristeza quizás es más saludable y realista y duele menos que la tensión de la idea irracional de querer ¡hacerlo todo! que vamos rumiando con irritación…

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Reconocer nuestra alergia a la incertidumbre

Lo incierto nos inquieta: ¿Qué pasará ahora? ¿Qué sucederá de aquí a un año? No sólo puede suscitar curiosidad sino tambien ansiedad

Las consecuencias que pueden acompañar a esta intolerancia a la incertidumbre son: el perfeccionismo, dificultad para confiar, comprobaciones obsesivas, dificultades para delegar…

¿Cómo se vive con la intolerancia a la incertidumbre?

Podemos ir de vacaciones siempre al mismo sitio (para evitar la incertidumbre de unas vacaciones nefastas), ir siempre al mismo restaurante (para no decepcionarse…), etc.

HAY QUE DEJAR DE SOBREPROTEGER, DE SOBREPLANIFICAR

Aprender a aceptar los problemas

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Bajo la influencia de la ansiedad se llega a considerar que no es normal que existan los problemas, que son la prueba irrefutable de una incompetencia (de uno mismo o de los demás).

Con esta idea se desarrolla una actitud negativa y perfeccionismo. También hay un ingrediente de pesimismo y dudas sobre la propia capacidad de solucionarlo (la autoestima debilitada es por supuesto una fuente de estados de ánimo ansiosos).

Dedicar tiempo a mirar los propios miedos de cara

En la psicología cognitivo conductual se trabaja sobre la evitación de imágenes pavorosas. Fijémonos que cuando alguna cosa resulta demasiado desagradable de observar (piensa en un animal que te dé asco) apartamos la mirada. Lo mismo ocurre en nuestra mente si una imagen resuta demasiado horrible, la apartamos.

Pero habrá que poner algo en su lugar, y eso sería la preocupación. Así es como se ha podido demostrar que la preocupación es una forma de evitación, menos dolorosa de soportar que imágenes de miseria que tienden a aparecer junto a los estados de ánimo de ansiedad.

La preocupación causa en nuestro cuerpo una activación menos intensa que las imágenes de catástrofes que produce nuestra mente cuando está inquieta. De alguna manera es una forma de “diluir” miedos más violentos para intentar digerirlos.

Pero, la preocupación no es una protección perfecta y en realidad impide que nos habituemos a escenarios mentales que nos asustan. Por eso se recomienda pasar por encima enfrentándose directamente a ellos (con ayuda de un terapeuta si esos escenaios son demasiados dolorosos).

Estas terapias no hacen sino modernizar los enfoques de los filósofos estoicos de la antigüedad que recomendaban ejercicios de meditación destinados a acostumbrarnos a la idea de la vejez, la ruina, la muerte…

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Hemos de aceptar la posibilidad del drama, la proximidad de lo trágico, en nuestras vidas, ¡y vivir a pesar de esa proximidad! – eso es sabiduría– en lugar de no vivir por miedo a ello, eso es ansiedad.

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