Los dos monjes (cuento)

¿Por qué sufrimos?

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De forma instintiva, todos queremos huir del sufrimiento y tener felicidad, y habitualmente asociamos a cosas externas el proveernos una cosa u otra. Así que dedicamos la vida a la búsqueda de la felicidad y las cosas placenteras…pero entonces, ¿por qué no obtenemos lo que pretendemos, felicidad en vez del sufrimiento? ¿qué es lo que falla?

Todas las personas sufrimos en mayor o menor medida dificultades. Tarde o temprano, nuestras circunstancias cambiarán.

El problema es que no podemos evitar que las cosas cambien: el que antes era rico puede luego ser pobre, la belleza puede disiparse, la vejez, arribar, podemos tener pérdidas de seres queridos que nos hacían sentir seguros, o sufrir enfermedades, etc. Son sucesos desagradables que no podemos evitar ni controlar.

Cuanto más desagrado nos causen las circunstancias cambiantes, y menos nos adaptemos a ellas, más sufrimiento experimentaremos.

Fluir: aceptar la impermanencia de las cosas y las personas, no intentar encuadrar la vida en una cuadrícula perfecta y predecible.

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Sufrimiento: cuando lo que deseas no se corresponde con lo que son las cosas.

El problema es que el dolor no lo podemos evitar. Cuanto más nos queramos deshacer de él, peor, más se agrava la situación. El placer y lo bueno están muy bien, pero pueden cambiar a corto o largo plazo, y cuando se vayan sentiremos mucho pesar.

El dolor no lo podemos evitar y el placer cambia, no es para siempre.

Solución: cambio de actitud

El aprendizaje de la serenidad y la calma interior viene por cambiar esta actitud justamente. No desesperarse ante el dolor, no intentar deshacerse de él con desagrado y enfado, mantener la calma (observando y respirando), e intentar disfrutar del placer y las cosas positivas cuando llegan a nosotros, pero no perseguirlas desesperadamente cuando éstas cambian o desaparecen, de forma natural.

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Así sentiremos brillo, serenidad, y positividad

Observando y aceptando la impermanencia de nuestras circunstancias (interiores y exteriores) desarrollamos ECUANIMIDAD.

La ecuanimidad nos protege de la depresión y la desesperación

Cuento Zen: el cruce del río

Había una vez dos monjes Zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio.

Cuando llegaron al río una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva.

– ¿Que te sucede? – le preguntó el más anciano.

– Mi madre se muere. Ella esta sola en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar. Lo intente – siguió la joven – pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda… pensé que no la volvería a ver con vida. Pero ahora… ahora que aparecisteis vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar…

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– Ojalá pudiéramos – se lamento el más joven. Pero la única manera de ayudarte sería cargarte a través del río y nuestros votos de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto. Eso esta prohibido… lo siento.

– Yo también lo siento- dijo la mujer y siguió llorando.

El monje mas viejo se arrodillo, bajo la cabeza y dijo: – Sube.

La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su atadito con ropa y montó a horcajadas sobre el monje. Con bastante dificultad el monje cruzó el río, seguido por el otro más joven. Al llegar al otro lado, la mujer descendió y se acerco en actitud de besar las manos del anciano monje.

– Está bien, está bien- dijo el viejo retirando las manos, sigue tu camino.

La mujer se inclinó en gratitud y humildad, tomo sus ropas y corrió por el camino del pueblo. Los monjes, sin decir palabra, retomaron su marcha al monasterio… faltaban aún diez horas de caminata.

Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano: – Maestro, vos sabéis mejor que yo de nuestro voto de castidad. No obstante, cargaste sobre tus hombros a aquella mujer todo el ancho del río.

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– Yo la llevé a través del río, es cierto, ¿pero qué pasa contigo que la cargas todavía sobre los hombros?.

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¿Cómo se relaciona este cuento con lo que comentaba en la introducción? ¿Qué conclusiones extraerías de este cuento? ¿ Con qué relacionas el cuento? ¿ Qué significa para ti?

El monje que se enfadó deseaba con todas sus fuerzas que el otro monje hubiera actuado como él lo hubiese hecho. Las circunstancias no estuvieron «a la altura» de sus deseos. Cuanto más rumiaba sobre ello, más sufrimiento le costaba.

Las circunstancias no estuvieron «a la altura» de sus deseos.

La actuación del otro monje fue sabia en el sentido que a veces nos aferramos a nuestras normas con frenesí dogmático y no somos capaces de «improvisar», de «soltar», de «fluir con las circunstancias» y esto nos vuelve rígidos y antipáticos incluso.

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