El Buscador (cuento)

El único y verdadero tiempo vivido

sentirse-feliz

A menudo desperdiciamos mucho tiempo de vida lamentándonos por lo que no poseemos, deseando ser alguien diferente a quien somos, anhelando placeres y sorpresas increíbles….pero, esta forma de vivir insatisfecha en esencia nos conduce a la pobreza, porque una vida rica es aquella que valora lo que tiene (hasta la piedra del río al que te acercas a lavar tus manos es única y valiosa): familia, suerte, belleza, amistad,…

Sólo mientras interpretamos que nuestra vida está incompleta y que necesitamos «llenarnos» permanecerá esa amarga sensación de vacío. Si, por el contrario, somos conscientes de que nuestro tiempo de vida es limitado y nace en nosotros devoción y entusiasmo por vivir, experimentar, sentir cada instante de nuestro tiempo de vida, entonces expresaremos nuestras cualidades (aún a pesar de tener defectos y emociones negativas) ya que la humildad de quien reconoce que no vivirá por siempre permite aflorar nuestra bondad y amabilidad.

La vida está llena de pequeños, medianos y grandes momentos, si buscamos sólo los grandes con desesperación, no apreciaremos los pequeños ni los medianos, no viviremos. No anhelemos más que lo que tenemos en este momento… y si tienes dudas…sólo detente y respira…olvida tu proyecto de ser alguien…es así de sencilla la verdad…no necesitamos ser nadie más que lo que somos ahora: este preci(o)so instante.

Como dijo C.Chaplin…»todos somos aficionados, la vida es tan corta que no da para más»

Aquí os dejo un cuento: El Buscador de Jorge Bucay, ya que los cuentos hacen dormir a los niños y despertar a los adultos.

Versión leída

cuento-terapia

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años…
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:

“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?
¿Y la boda de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido”.

cuento-felicidad

Versión audio (Voz: Jorge Bucay)

Conclusiones:

¿Qué te he sugerido esta historia? ¿En quién o en qué te hace pensar?

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6 comentarios
  1. cristian
    cristian Dice:

    Esta historia aunq contada de forma bonita,m parece triste,porq si solo apreciamos los momentos apreciados,vivimos muy poco y quizas con mucha insatisfacion…prefiero como tu decias en tu comentario aprender a apreciar los pequeños momentos(incluidos los tristes y frustrantes)y los medianos q los grandes(q s aprecian por si solos)y para eso quizas haya q volver a la mente limpia y curiosa del buscador…m recuerda a cualquier ser humano y pienso q la mayoria tenemos un trabajo q hacer

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    • OLGA DOMINGO RAMOS
      OLGA DOMINGO RAMOS Dice:

      Es un cuento que nos pone en alerta de como vivimos en nuestra vida cotidiana.No somos conscientes del aqui y ahora , solo vivimos en el » no tengo tiempo «, no llego a todo » » y que ocupado estoy » Quizà si dedicaramos al dia unos minutos para parar y ser conscientes del momento presente , quizas disfutariamos mas en nuestros quehaceres y sacariamos el fruto sanador a nuestros desasosiegos.Totalmente de acuerdo con tu introducción .

      Responder
      • OLGA
        OLGA Dice:

        Es un cuento que nos pone en alerta de como vivimos en nuestra vida cotidiana.No somos conscientes del aqui y ahora , solo vivimos en el » no tengo tiempo «, no llego a todo » » y que ocupado estoy » Quizà si dedicaramos al dia unos minutos para parar y ser conscientes del momento presente , quizas disfutariamos mas en nuestros quehaceres y sacariamos el fruto sanador a nuestros desasosiegos.Totalmente de acuerdo con tu introducción .

        Responder
    • Psitampsi
      Psitampsi Dice:

      La mente limpia y curiosa del buscador, me quedo con esta fabulosa frase. Tenemos trabajo para recordar cómo es vivir nuestra vida sin haber trabajado un sólo día, naciendo a cada momento con las oportunidades que te ofrecen las circunstancias para crear cosas nuevas.

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  2. Sandra
    Sandra Dice:

    Me ha encantado esta historia, creo que me invita a pararme y a detenerme ante esos momentos de disfrute, de felicidad, de ilusión y de magia que aparecen en mi vida y que en muchas ocasiones pasan de largo, por no ser consciente de ellos, por el hecho de no saberlos apreciar del todo. Un abrazo!!

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