Habitualmente se piensa que nuestra vida mejoraría si tuviéramos más de esa cualidad huidiza conocida como la fuerza de voluntad. Con más fuerza de voluntad todos comeríamos de forma adecuada, practicaríamos ejercicio regularmente, eludiaríamos las drogas, ahorraríamos para las vacaciones, no prospondríamos las cosas para más adelante y alcanzaríamos todo aquello que nos propusiéramos.

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Se define la fuerza de voluntad como la capacidad de resistir las tentaciones a corto plazo para alcanzar metas a largo plazo. Esto implica tener que rechazar un placer inmediato, saber decirse por ejemplo: “esto no me conviene a pesar de que me apetecería muchísimo comérmelo”. La fuerza de voluntad requiere el sacrificio de rechazar un deseo potente y esto nos resulta difícil por una buena razón: a nuestro cerebro de forma innata le cuesta tener presentes los beneficios a largo plazo, es más receptivo a la recompensa fácil a corto plazo. La buena noticia es que la fuerza de voluntad puede ser fortalecida con la práctica.

La fuerza de voluntad requiere del sistema reflexivo, el que planifica, analiza y no toma decisiones impulsivamente. Por esta razón, personas con poca fuerza de voluntad responden con impulsividad: “venga que la vida son dos días, hay que disfrutar, me tomaré uno más”. Este sistema funciona como la clásica discusión entre el diablillo y el ángel: mientras que el sistema frío es reflexivo, el sistema caliente es impulsivo y emocional.

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Algunas técnicas que nos pueden ayudar a tener más fuerza de voluntad son:

-RETRASAR: consiste en decirnos a nosotros mismos: “si el deseo que tengo de esto es tan fuerte podré esperar 15 minutos, y si transcurrido ese tiempo continúo con el mismo deseo, entonces lo tomo”. Sin embargo, transcurrido ese tiempo, lo posponemos 10 minutos más aplicando el mismo razonamiento. De esta forma, no cedemos ante la imposición del deseo que quiere saciarse de forma inmediata.

-CAMBIO DE HÁBITOS: si incorporamos algo de nuevo, nos auto-imponemos algo nos costará más, la estrategia más eficaz es cambiar un hábito por otro. Por ejemplo: “ya no puedo tomar más refrescos azucarados, pues voy a sustituirlo por beber más agua o infusiones” o…”en lugar de ver la TV voy a sustituir por leer un libro”. Sustituir una cosa por otra nos facilita el cambio.

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-EVITAR LA TENTACIÓN. Es una táctica efectiva cuando decidimos optar por la fuerza de voluntad, y es que cuánto más fácil nos lo pongamos, mejor. Por ejemplo, no es necesario exponerse a alimentos azucarados si estamos haciendo dieta. Al principio no llenamos nuestra casa de dulces, mantenemos lejos las tentaciones (una vez ya has perdido peso ya no es tan arriesgado tenerlos). Otra técnica consiste en distraer nuestra atención de alguna recompensa a corto plazo que queremos evitar (un cigarrillo quien intenta dejar de fumar, un croissant quien sigue una dieta…etc) de cualquier forma (cantar, retirar nuestra visión de ese objeto…etc). Funciona como el refrán que reza “ojos que no ven, corazón que no siente” .

-INTENCIÓN DE IMPLEMENTACIÓN. Es una táctica muy útil para mejorar la fuerza de voluntad. Consiste en planear una proposición del tipo “si X entonces Y”  para decidir qué hacer ante situaciones que pueden arruinar nuestra fuerza de voluntad. Por ejemplo, alguien que se propone reducir su consumo de alcohol puede decidir antes de ir a una fiesta: “si alguien me ofrece una bebida, entonces pediré un cóctel sin alcohol”. Así pues, tener un plan establecido anticipadamente puede permitirnos tomar decisiones al momento sin tener que aplicar la fuerza de voluntad.

¿Cuál es el enemigo de la fuerza de voluntad?

En primer lugar, no tener motivación. Uno necesita motivación para emprender el cambio que desea. Es importante que sea un motivo de peso para nosotros (por ejemplo uno podría dejar de fumar porque quiere solucionar el problema del mal aliento, no por salud propiamente)

En segundo lugar, el caos y la falta de organización, que nos lleva a anteponer otras cosas por encima de las que nos habíamos planteado como prioritarias. Practicar deporte tiene un efecto psicológico saludable en este sentido, las personas que hacen deporte se organizan más fácilmente y aprovechan más el tiempo.

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En tercer lugar, la procrastinación, es decir, dejar para más tarde lo que no nos apetece hacer en el momento. No nos damos cuenta de que tarde o temprano lo tendremos que hacer y cada vez que lo retrasamos aumentamos nuestro nivel de ansiedad. La solución es ponerse y actuar en el momento.

Finalmente un DECÁLOGO para fortalecer la fuerza de voluntad:

  1. Tener un buen motivo que te impulse a actuar (si alguien te lo dice no funciona, tiene que salir de ti). Ningún motivo es cuestionable, puede ser estético, etc.
  2. Establecer un plan: todo lo que planificas se aleja de la improvisación y así es más difícil romperlo. Si el plan lo escribes, mucho mejor: mejor a mano que a ordenador ya que requiere más esfuerzo cognitivo. Cuanto más planificado algo más posibilidad que se lleve a cabo
  3. Fortalecer el Sistema reflexivo: acostumbrarnos a convivir con los deseos y no satisfacerlos de forma inmediata (dominar nuestra parte instintiva, animal)
  4. Mejorar nuestra Organización
  5. Buen humor: si estás en paz, será mas fácil mantener la fuerza voluntad. Si estás triste o irascible naturalmente te costará mantener un propósito
  6. Elegir prioridades: primero ir a por un propósito, luego por otro. No intentemos mejorar toda nuestra vida a la vez
  7. Recordar las consecuencias positivas de nuestra acción: a veces éstas son tan a largo plazo que las podemos olvidar
  8. Meternos en el bucle: los primeros días son los peores, requiere más fuerza de voluntad, con el tiempo ya no requerirá tanto esfuerzo, será fácil
  9. No auto-machacarse: tiene que fluir. Si un día no sales a correr por ejemplo no pasa nada, puedes salir mañana. Lo que tratamos es convertirlo en una filosofía de vida, no en un hábito a corto plazo
  10. Animarse uno mismo: ¡vamos tu puedes!

Para los que se pregunten si el camino del que elige la fuerza de voluntad es siempre una lucha entre el pepito grillo y el diablillo la respuesta es no. Una vez que hemos adquirido un buen hábito, emplear la fuerza de voluntad para mantenerlo ya no resulta necesario. Con el tiempo, estos hábitos saludables se incorporan a nuestra rutina y seguirlos no requiere la toma de decisiones.

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