Pesadillas en los niños

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Todos los niños han tenido alguna vez pesadillas. Es algo frecuente en el desarrollo normal de la infancia. Por esta razón, los padres no deben preocuparse.  En algunas ocasiones, a muchos niños tras una pesadilla no pueden conciliar el sueño, por temor a volver a tener pesadillas. Este desasosiego puede prolongarse unos días. En estos momentos es cuando tenemos que brindar nuestro apoyo incondicional y saber cómo actuar para que un hecho sin importancia -tener una pesadilla– no acabe formándose un problema real. Nuestro apoyo y consejos van a ser cruciales en este sentido.

Si has detectado que tu hijo/a tiene pesadillas y que éstas son muy recurrentes impidéndole descansar y dormir bien por la noche es aconsejable acudir a un especialista psicólogo infantil, y comentar el caso.

¿Qué es una pesadilla?

La pesadilla es una expresión inconsciente de sentimientos, inseguridades, miedos y preocupaciones que aparecen mientras estamos soñando. Algunos factores que pueden favorecer la aparición de pesadillas son: tensión emocional o preocupaciones, hechos traumáticos como la muerte de un familiar, ansiedad, fatiga, horarios irregulares de sueño, fiebre o ingesta de algunos medicamentos.

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Pero las pesadillas no deben confundirse con los terrores nocturnos. A diferencia de las pesadillas, en los terrores nocturnos el niño no se despierta fácilmente a pesar de los esfuerzos de los padres. Si se despierta, se siente confuso y desorientado y le invade una cierta sensación de miedo. El episodio suele durar de 10 a 20 minutos, transcurrido ese tiempo puede volver a dormirse. A menudo no recuerdan el episodio cuando se despiertan al siguiente día,  y si recuerdan algo suele ser de pequeños fragmentos borrosos.

Otra diferencia es que los terrores nocturnos, al igual que el sonambulismo y a diferencia de las pesadillas, aparecen en el sueño profundo y no durante las fases REM.

Las pesadillas suelen  aparecer a la edad de dos, tres años hasta los seis y es en la adolescencia cuando comienzan a disminuir y a ser menos frecuentes.

¿Qué pueden hacer los padres?

Cuando las pesadillas son muy frecuentes es aconsejable que durante el día, en un momento de tranquilidad para padres e hijos, intentéis hablar con el niño/a, de esta manera podréis averiguar qué es lo que ha soñado y qué le puede andar preocupando. Aprovecha la conversación para tranquilizarle y calmarle. Promueve que el niño pueda acercarse a su pesadilla cambiando la historia.

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Por ejemplo:
Si el niño/a ha soñado con un monstruo que se lo quería llevar puedes inventarte la historia de un monstruo muy bonachón que jugaba con los niños, dibujar el cuento que os habéis inventado…
–  Si ha soñado con un payaso terrorífico  inventa una historia con el payaso donde se hagan amigos y  juntos tengan una aventura, puedes teatralizarlo inclusive.

No podemos evitar que los niños tengan pesadillas pero sí que podemos generar una serie de hábitos que le van a ayudar a conciliar mejor el sueño y a descansar mejor.

Aquí expongo algunas recomendaciones:

– Evita dar a tu hijo/a bebidas o comidas estimulantes, al menos cuando se acerque la hora de irse a dormir.
– Llévale a dormir a la misma hora casi todos los días.
– Cread unas rutinas para la hora de dormir, por ejemplo: cuéntale un cuento cada noche antes de que se quede dormido/a, despídete de él/ella con una frase o canción especial…

Otro punto importante: si un niño se acaba de despertar de una pesadilla no debes hablar con él sobre el tema. En ese momento lo fundamental es que se sienta acompañado y tranquilizarle.

 

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